Sociedad Civil

¿Hay verdadera libertad religiosa en Cuba?

 

 

Por Dagoberto Valdés Hernández

Para tratar este tema desde la vida más que desde la teoría, deseo compartir con ustedes este testimonio seguido de unas moralejas y algunas reflexiones martianas.

Por causa de tener fe

Estaba en sexto grado de la Escuela Pública No. 7 Ciro Redondo, eran los años 60s en Pinar del Río donde nací y vivo. Cada cierto tiempo la maestra preguntaba al comenzar una clase: Levanten la mano los alumnos que son religiosos. Cuatro de nosotros mirando para los lados levantamos la mano sin saber muy bien por qué y para qué.

Al finalizar el curso se acostumbraba elegir al mejor alumno y entregarle la condición de vanguardia y un traje del héroe que protagonizaba el programa Aventuras de las 7:30 pm en la TV cubana. Ese año era “El Zorro”. Fui llamado por mi maestra Josefina y me entregó el diploma y el traje. Llegué a mi casa muy contento. Mi madre tenía que ir al acto cívico del viernes y yo tenía que hablar a mis compañeros. Dos días antes llamaron a mi madre para que devolviera diploma y traje porque su hijo no podía ser el mejor por tener creencias religiosas.

En esa etapa fui discriminado solo por tener fe.

Por practicar el culto propio de la fe

Estando en el pre universitario Hermanos Saíz de mi pueblo, la Dra. Emilia Delgado, profesora de Español y Literatura funda la Cátedra Martiana junto a Annie Plasencia, Nery Carrillo y otros profesores. Invita a los alumnos que eran estudiosos de Martí y desearan voluntariamente ir cada atardecer del último jueves de cada mes a esa Cátedra “con unción de templo” -como la insigne doctora decía. Me convertí en un habitual y comencé a escribir mis ponencias sobre el Apóstol y a presentarlas en los recién inaugurados Seminarios Martianos. Recuerdo que una de ellas se llamaba “Martí, maestro”, era mi vocación y bebía en él los mejores paradigmas del magisterio cubano. Los Seminarios eran competitivos y la ponencia fue ganando en la escuela, el municipio y la provincia e iría al Seminario Nacional nada menos que en el hemiciclo del Capitolio en La Habana. Me preparé hasta que una mañana llegaron unos compañeros para decirme que la ponencia iría pero la tendría que presentar otro compañero que fuera de la UJC porque yo era creyente y además practicaba sistemáticamente mi fe.

En esta etapa no fui discriminado por tener fe sino por practicar esa fe yendo a la Iglesia católica. “Tener fe para sí” ya estaba tolerado teóricamente después de la Constitución socialista de 1976, aunque el Estado cubano seguía siendo oficialmente ateo.

El tiempo pasó no pude estudiar sociología ni otra carrera de humanidades porque era religioso y practicaba el culto como laico comprometido con la Iglesia. Podía escoger cualquier carrera técnica. Estudié Agronomía donde era “atendido” por un “compañero” mientras duró mi carrera. Su “consejo” era en aquel tiempo: “no importa que tengas fe, pero deja de ir a la Iglesia para que no te señales tanto”. Tampoco pude quedarme ejerciendo la docencia en la Universidad como decía mi Boleta de Ubicación porque era religioso.

El mundo cambió, se extinguió el campo socialista y la URSS y la Constitución cubana tuvo que ser reformada. El Estado oficialmente dejó de ser ateo para denominarse laico, que debería significar la separación de la Iglesia del Estado y la no discriminación por razones religiosas.

Por el compromiso social de la fe

En 1993, fundamos el Centro de Formación Cívica y Religiosa y un año después su revista sociocultural Vitral con la aprobación, la bendición y el patrocinio paternal del muy digno Obispo de Pinar del Río Mons. José Siro González Bacallao y su Consejo Diocesano de Pastoral.

El 2 de mayo de 1996, fui llamado a la oficina del Director del la Empresa Tabacalera de Pinar del Río, donde ejercía mi profesión de ingeniero agrónomo desde 1980 en que me gradué, primero con sede en Briones Montoto un “pueblo cautivo” y luego en la ciudad de Pinar del Río. En esa reunión se me informó que “podía tener la fe que quisiera e incluso practicar el culto e ir a la Iglesia cada domingo pero… por “dedicarme a actividades como la revista Vitral” no podía seguir en mi puesto de trabajo a no ser que dejara esas actividades y me ofrecieron el puesto de “técnico de yaguas” que el 3 de mayo, Fiesta de la Santa Cruz, me enteré que esa plaza fue creada para mí y que consistía en montarme en una carreta tirada por un tractor y junto con una brigada de estibadores, acopiar por los caminos de Pinar del Río las yaguas (vaina de la hoja de la palma real) que se usan para embalar tabaco seco. Allí pasé 10 años y un mes hasta que Vitral fue intervenida y cambió la línea pastoral del Obispado.

Fueron los mejores años de mi vida como cristiano. Porque vale decirlo, fue por mi compromiso con Cristo, con Cuba y con su Iglesia que acepté el reto y recibí mi título más preciado, el único que reclamo siempre para mí: el de “yagüero”. Al mismo tiempo en 1999 fui elegido por el Papa san Juan Pablo II, como miembro pleno del Pontificio Consejo Justicia y Paz en el Vaticano, sin más mérito que el de yagüero.

Entonces era aceptado tener fe y era aceptado practicar el culto, pero fui discriminado por practicar la vocación profética de todo cristiano que es participar en la construcción del Reino de Dios y su justicia en este mundo en que nos ha tocado vivir.

Cuando salimos del servicio de Vitral en 2007, el grupo de laicos que habíamos recibido de la madre Iglesia todo lo que una persona puede esperar para “ser protagonistas de su propia historia personal y nacional” como nos exhortó el recordado Papa polaco en 1998, después de oración y reflexión decidimos continuar el 15 de octubre de 2007 con los cursos de educación ética y cívica que veníamos ofreciendo durante 14 años y fundamos la revista sociocultural Convivencia que salió a la luz en internet el 15 de enero de 2008. Después de varios años de trabajo y perseverancia fundamos el Centro de Estudios Convivencia, continuador de aquella obra del Centro de Formación Cívica y Religiosa y el 15 de octubre cumpliremos 10 años de este nuevo servicio al pueblo cubano.

Todo esto lo hemos hecho con la única motivación de siempre desde hace medio siglo: profesar la fe, practicar el culto y aportar a la sociedad cubana la luz, la sal y el fermento de la Doctrina Social de la Iglesia, llamado el Evangelio social de Jesucristo, fuente de vida, de libertad, de justicia, de amor y de paz. Esa es nuestra motivación, la raíz de nuestro compromiso cristiano y la explicación primera y última de todo lo que hacemos a favor de una Cuba libre, próspera y fraterna que viva en convivencia, nombre y programa de nuestro actual proyecto.

Moralejas

Cuando era niño mis padres siempre terminaban los cuentos con una moraleja. Quiero, como mínimo homenaje a ellos que me sembraron y me acompañaron en este camino de fe cristiana, proponerles esta moraleja no de un cuento sino de una pequeña historia sacada de las experiencias de mi vida, y la de muchos, más sacrificados y valiosos cristianos que yo que llegaron a ofrendar su vida por la fe gritando: ¡Viva Cristo Rey! Ellos han sido mi inspiración y mis héroes desde mi niñez aquellos días de la escuela primaria y los actos cívicos de cada viernes.

     La libertad religiosa no es solo “permiso para creer para sí” sin comprometerse con la Iglesia, ni tampoco “permiso para practicar el culto y trabajar dentro de la Iglesia” sin compromiso cristiano ejercido en los espacios públicos de la sociedad.

          La verdadera y plena libertad religiosa es aquella en que cada ciudadano pueda vivir coherentemente su fe, la práctica de un culto no alienado ni alienante, y el compromiso social, político, económico, cultural e internacional que emana de una fe cristiana encarnada en la realidad que le tocó vivir.

      La verdadera libertad religiosa no es una libertad de “permisos” o “qué dirán las autoridades o la gente”, es vivir la fe en su dimensión personal, cultual y social, sin tener que huir al exilio o al intimismo de una fe sin consecuencias públicas, y poder vivirlo insertados, sin sospechas, en todas las instituciones, asociaciones, medios de comunicación propios y públicos, centros educativos, espacios políticos, culturales e iniciativas de la vida pública de su país, sin tener que dar excusas por ello, sin complejos, sin disimulos, sin rupturas, manipulaciones, ni connivencias con “los poderes de este mundo”.

            En aquellos países donde estas condiciones no se respeten, se valoren y se protejan por ley, no hay plena libertad religiosa.

Pido a Dios que me dé vida y fidelidad para poder ver esa plena libertad religiosa en Cuba, y le doy gracias por haberme dado la fuerza y la perseverancia para poder ver como, por el martirio cruento o civil de cristianos cubanos, logramos superar la etapa de la persecución por solo tener fe y la discriminación por ser cristianos que practicamos el culto de nuestra fe. Tengo la certeza de que con la Gracia de Dios y nuestra perseverancia, alcanzaremos un día no muy lejano, la plenitud de la verdadera libertad religiosa en Cuba y en todas las naciones.

 

Dagoberto Valdés Hernández(Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007 y A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011.

Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.

Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río.