Cuba, los cubanos y cubanas, necesitamos para el presente y para el futuro democrático reconocer y confiar en el valor cívico de la representatividad.
En pleno siglo XXI, no estamos en la Atenas de Pericles en la que todos los ciudadanos libres acudían al areópago para, a voz en cuello y personalmente, ejercer la democracia primitiva. No todos los que vivían en Atenas eran libres, y por tanto ciudadanos, ni todos asistían al anfiteatro a debatir los asuntos de la ciudad, y debemos recordar que se reducía a eso: una ciudad pequeña si la comparamos con las de hoy. Y lo que se discutía eran los problemas de la ciudad. Allí nació la democracia y el civismo de la polis, es decir, la política.
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