Derechos Humanos

El derecho del hombre al trabajo. La economía en cuestión

Por Glissett Valdés Herrera
La Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres al trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad.
Juan Pablo II
Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
La inercia de la economía
La economía no funciona como una máquina. La combinación de factores y circunstancias para la decisión de este asunto importante que presenta la nación, no bastan.
El Estado manifiesta su fuerza y su inteligencia, pero también sus cálculos, sus egoísmos, sus pretensiones y su inercia. Quieren imponer una dominación que otros rechazan, unos se someten, otros se rebelan. Pocos permanecen libres, respetando la libertad de los otros.
¿Qué hacer y cómo? ¿Con quién y contra quién? ¿Por qué y para qué?
Surgen una multitud de preguntas a todos los niveles, las respuestas no dependen solamente de la economía; la política la suplanta, comprometiendo así la inteligencia, lucidez y creatividad de los hombres.
La urgencia de encontrar nuevas soluciones plantea exigencias morales inexcusables, exigiendo además numerosas aportaciones, de los gobernantes y con ellos, los propios legisladores, actúan eficazmente sobre el sistema económico en su conjunto. Conscientes de que no bastan las medidas coyunturales, no debemos obligar a los trabajadores, a demostrar su “magnanimidad” humana y social, unos, en el esfuerzo por mantener el ritmo en sus empresas ineficientes, y otros, por rendir al máximo en un trabajo mal remunerado.
Toda la sociedad ha de cooperar, con inversiones inteligentes, espíritu de laboriosidad, lo cual supone una formidable solidaridad social, pero esto sólo nace del convencimiento de que la solución depende de todos y de cada uno.
El trabajo en la sociedad cubana
El trabajo en la sociedad socialista “es un derecho, un deber y un motivo de honor para cada ciudadano. El trabajo es remunerado conforme a su cantidad y calidad; al proporcionarlo se atienden las exigencias de la economía y la sociedad”; así se plantea y más…, en el Capítulo VII, artículo 45 de la Constitución de la República de Cuba.
Evidentemente no se refleja así, y cuando vivimos la realidad que hoy nos golpea, este tema tiene un enorme interés humano.
Dios y el Hombre
Jesucristo en el sermón de la Montaña, estableció unas categorías de hombres felices: los que lloran, los que sufren persecución por la justicia, los que están tristes…, nos anticipa lo que será la escena cumbre del Juicio Final, habló además de los que tienen hambre, los que andan desnudos, los que están encarcelados…, nunca habló de los que al comenzar el día o una jornada no tienen nada que hacer, quizás antes solo existía una economía agrícola, pudiera así mencionar, que aunque proporcionaba una forma pobre de vivir, pero estaba al alcance de todos. Pienso que con esta doble cara del problema económico, puedo ponerlo en la doble lista del Evangelio, Jesucristo los habría equiparado a los que lloran, a los perseguidos, a los hambrientos…
El hombre, el trabajo y la sociedad
No es menos cierto que los que puedan percibir, directa o indirectamente la situación económica en Cuba, saben que no es humana. Comparemos la norma establecida en la Carta Magna ya mencionada con la siguiente; la doble cara queda escrita y propugnada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 23 y sin cumplirse:
Artículo 23:
  1. 1)Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.
  2. 2)Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
  3. 3)Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana, y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
  4. 4)Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.
Observando la realidad del problema, deben surgir nuevas formas de vida. Deben suscitarse comentarios, debates, logrando el discernimiento. ¿Servirá para algo nuestro esfuerzo? Que al menos alcance para despertar la conciencia sobre la situación económica, que durante años se ha fundado en bases falsas, como el bloqueo económico. De lo contrario, la sociedad cubana continuará invadida por el fatalismo económico y por consiguiente, la violación del derecho del hombre al trabajo.
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Glissett Valdés Herrera. (La Habana, 1972)
Lic. en Derecho y Educación Primaria. Catequista.
Reside en Pinar del Río
 

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