Debate Público

Una duda puede condenar ciudades

Por Andy Viera González
Foto: Tomada de Octavo Cerco (Claudia Cadelo).
Una duda puede condenar ciudades, dice Carlos Varela en una de sus canciones incluida en su último disco “No es el fin”, y la verdad, es una frase que hoy me hace pensar mucho en la realidad cubana y en los que en ella vivimos. Me regala esa expresión una molestia acá en mi corazón y en esta necesidad de libertad que en él se revuelca día a día y crece, mas se alimenta cada minuto que vivo en esta oscuridad que nos imponen.
Hoy ya hay muchos que despejaron sus dudas y tienen bien claro qué es lo que necesitamos los cubanos para alcanzar la libertad que hace tiempo ganamos, y que hoy se nos niega sin razón alguna. Todavía existen muchos que prefieren callar y mantienen los gritos de sus corazones presos en la cárcel de la duda , no de aquella duda del “qué siento”, ni tampoco del “qué necesito” o “qué quiero” , esas están bien claras en todos y cada uno de los cubanos, sino de la duda de actuar y de hacer valer el derecho a la libre expresión, de luchar por las oportunidades, por el futuro de nuestros hijos y denunciar las mentiras que vivimos, o de reclamar cambios justos y humanos.
Son estas las dudas que hoy el pueblo cubano siente. Hay muchos ancianos que dieron todo por la revolución cubana y en estos momentos sufren la decepción, incluso muchos mueren de culpa o vergüenza. Esta realidad la vivimos también los jóvenes e incluso los niños, esos pequeños que son para muchos nuestra razón de ser y a los que hoy se les extirpa la ternura tratando de amputarles los sueños y la imaginación. Estos niños cubanos que son el futuro de toda una nación. La verdad es que es muy triste esto, pero es la realidad que nos chocará la cara día a día mientras no cambiemos cosas y decidamos buscar las respuestas a esas dudas que serán cada vez más tristes y grandes.
El miedo crea las dudas y entonces es ahí cuando cedemos nuestra cuota de libertad y damos paso al poderío de la mentira y al imperio de las máscaras que en ocasiones vemos en todas partes, a la desconfianza. Es entonces cuando nos llenamos de preguntas sin respuestas. En esta confusión se pierde la lucha sin pelear, es ahí cuando regalamos una victoria sin justificación y damos cabida a que el dolor causado en todos estos años crezca más, se convierta desconsiderado y siga haciendo todo lo que crea sin que movamos un dedo para impedirlo, es entonces cuando el ego que llevamos dentro muere y el credo que nos hace vivir se derrumba por completo.
En lo personal, estoy seguro de que nuestra Cuba cambiará, de hecho está cambiando. Creo que este cielo será realmente libre algún día y debajo de él podrán correr nuestros hijos y darle riendas sueltas a todos sus sueños, ya que contarán con las oportunidades para lograr hacerlos realidad. Podrán enamorarse sin complejos ni preocupaciones, podrán vivir lindas experiencias y poner el nombre de Cuba bien alto en cualquier lugar del mundo. Tendrán la posibilidad de construir una vida con decisiones propias sin que nadie ni nada trate de imponerles una forma de vivirla. Entonces podrán gritar si lo necesitan, podrán llorar sin pena de la suerte que les tocó vivir, cada uno ganará lo que sea capaz de ganarse, nadie les tildará de traidores por el simple hecho de pensar diferente, lograrán regalar en Navidad lindas fiestas a sus familias, viajar medio mundo y conocer la vida que existe afuera, podrán apoyar a nuestro equipo nacional de béisbol en cualquier lugar del mundo, como sueña todo cubano.
Estoy seguro de que el sabor de la libertad, de ser personas con oportunidades, de tomar decisiones propias, pues ya está cerca y es muy real y ¡casi lo puedo ver! Reconozco que la condena de la duda somete a nuestro pueblo, y entiendo que muchos guarden silencio por no buscarse problemas y decidan mantenerse “en la raya”, por sus hijos, por sus familias, por cuidar sus trabajos, pero la realidad es que solo en nosotros está el poder para cambiar toda esta escena en la que no vivimos, sino sobrevivimos; en cada uno de los cubanos está lo que se necesita para lograr el cambio.
Ese cubano que lucha por llevar de comer a su mesa, pagando el precio que sea, o incluso jugándose la vida y su libertad personal, que no se cansa de luchar por salir adelante e intenta buscar las formas correctas de sobrevivir, solo ese cubano que habita en la mayoría de nosotros, puede regalarse un país libre y las oportunidades de cambiar la historia que está por escribirse, limpiar toda la sangre que en ella hoy yace, para llenarla de un futuro con sonrisa de niño, un cielo azul sin reflejos negros en la tierra.
Una duda puede condenar ciudades, y la verdad es que no solo puede, sino que lo ha hecho, lo está haciendo y lo hará, solo que, para mala suerte de esta frase y de la duda en sí misma, existen hombres y mujeres que se levantan por encima de la más cruel de las dudas y elevan sus voces a lo más alto del mundo; existen hombres y mujeres, que no es que estén locos como muchos piensan, sino que son tan cuerdos que no logran aceptar esta realidad; existen hombres y mujeres que defienden sus derechos y sus sueños, crean el camino a un futuro cierto y no errado; existen hombres y mujeres que escuchan el llanto de sus corazones y deciden curar este, y si no lo logran lo dejarán todo en un intento hermoso, en un acto de fe y de justicia, en esa gesta tan humana como el amor a la libertad; existen hombres y mujeres que hoy no dejan espacio a la duda, porque “donde hay hombres y mujeres no hay fantasmas” diría un viejo amigo del barrio, y agregaría yo: “donde hay cubanos no hay fantasmas ni dudas”.                    
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Andy Viera González
Candelaria, Artemisa, 1988
Informático y músico.