Cultura

Escultura - De Dos Ríos a la inmortalidad

Por Yoandy Izquierdo Toledo
Escultura de José Martí en la Plaza Cívica de La Habana.El 2013 llega repleto de aniversarios cerrados que rememoran momentos o personalidades de nuestra historia patria. El mes de enero, como para estrenar un año que sin dudas será decisivo para todos los cubanos, nos trae una lección de firmeza, heroísmo y amor al terruño,cuando el día 12 recordamos a los valientes bayameses que prefirieron incendiar su ciudad antes de entregarla a manos extranjeras. Y por supuesto, un 28 de enero que marca el 160 aniversario del natalicio del más universal de todos los cubanos: nuestro Héroe Nacional José Martí.
Martí es una personalidad que traspasa la línea del tiempo para encarnarse en una realidad que no tiene límites. Su ideario, que nos llega por vía directa a través de su extensa obra, su ejemplo de consagración en aras de un destino común (la libertad de todas las naciones) y su legado político-cultural, hacen de él un hombre tan sencillo como sus versos, que nos guía en los andares de la Patria.
Las palabras del Apóstol son tan vigentes hoy como cuando fueron pronunciadas. Y es que habló para todos los tiempos, desde todas las tribunas y sobre todos los temas. Respecto a la política y su simbiosis con la justicia y la libertad, decía en una definición muy profunda: “Política es eso: el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud, los intereses. La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma importante del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje.” Es una definición clara y precisa, entonces ¿por qué muchos dicen “yo no tengo nada que ver con la política”? ¿Acaso no desean la justicia y el bien común, o es pura fraseología para hacerse el desentendido y beneficiarse con lo que mana de aquel que se desvive por conquistar un espacio con todos y para el bien de todos? A este tipo de actores sociales también podemos responder, parafraseando al Maestro, que la libertad política no estará asegurada mientras no se asegure la libertad espiritual de cada individuo. Entonces, abrid la mente y el espíritu para percibir la belleza de la política en su concepción de estudio de las necesidades reales, de fatiga dolorosa y difícil, de sacrificios en función de las naciones.
Desde pequeños aprendemos a amar a Martí: ¿quién no recuerda haber recitado “Los zapaticos de rosa”, algún que otro verso sencillo o haber disfrutado de los cuentos de “La Edad de Oro”? ¿Quién no tiene en la memoria aquellos días en que, de camino a la escuela, llevábamos entre las manecitas de hombre fuerte una flor, esta vez, para colocar en el busto del Héroe Nacional? Indudablemente, Martí está en todas partes y sobre eso queremos comentar: sobre algunos de los monumentos más importantes erigidos a esta excelsa figura en la historia universal y que lo hacen presente en cada escuela, en cada parque (dentro o fuera del país) y hasta en alguna encumbrada cima para velar, desde arriba y desde la cotidianidad, por Cuba, que como él mismo dijo: “Nos espera, y no puede esperar mucho tiempo”.
El Martí del Parque Central de La Habana: primera estatua en Cuba
La primera estatua de José Martí en Cuba fue develada el 24 de febrero de 1905 en el Parque Central de La Habana, en una ceremonia encabezada por el Generalísimo del Ejército Libertador Máximo Gómez y el presidente de entonces Don Tomás Estrada Palma. Allí se reunieron ese día miles de cubanos veteranos de las guerras patrias, luchadores por la independencia, amigos y familiares, entre los que destacan la madre de Martí, Leonor Pérez Cabrera, la viuda Carmen Zayas Bazán, el General Julio Sanguily, Juan Gualberto Gómez y el Dr. Carlos Juan Finlay.
Desde la inauguración del Parque Central de La Habana han sido colocadas cinco estatuas: la primera y la segunda de la reina Isabel II en dos versiones, una de niña (1850-1869) y otra de mujer (1875-1899), la tercera del descubridor de Cuba Cristóbal Colón (1870-1875), la cuarta fue una estatua de mujer hecha de calamina que simbolizaba la libertad con un escudo de los Estados Unidos a su derecha, mientras que la mano izquierda levantaba una tea (1902-1903) y la quinta es la que permanece hasta la actualidad.
La erección del monumento a José Martí se hizo de acuerdo al resultado de una encuesta que preguntaba qué estatua colocar en aquel sitio. Entre las propuestas estaban (además de la de Martí) Carlos Manuel de Céspedes, la Estatua de la Libertad, José de la Luz y Caballero, Cristóbal Colón, La República, el cacique Hatuey, Félix Varela, José Antonio Saco, Narciso López, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo; entre otras que incluían no colocar nada en el lugar o trasladar hasta allí la fuente de la India.
Esta es la historia, resumida, de cómo se erigió la escultura de Martí en mármol de Carrara, realizada por el escultor cienfueguero, radicado en Italia, José Villalta Saavedra. Otras de las curiosidades que guarda el lugar escogido para su ubicación es que en todo el parque aparecen ocho canteros o jardineras que simbolizan las tumbas de los estudiantes de Medicina, fusilados el 27 de noviembre de 1871 y la presencia de 28 palmas reales que aluden a la fecha del natalicio del Héroe Nacional.
A partir de 1905, las estatuas y bustos de José Martí proliferaron por toda Cuba y el mundo, inspiradas en esta iniciativa que, desde los inicios del siglo pasado, nos coloca un Maestro, viviente y peregrino, en uno de los sitios más visitados por todos en la ciudad capital.
Memorial José Martí en la Plaza Cívica de La Habana
Siendo Batista Coronel Jefe del Ejército en 1937 expresó sus deseos de erigir una estatua de mayor tamaño que la del Parque Central como “símbolo de recuerdo del Apóstol de nuestras Libertades”. Sus palabras fueron tan retomadas por el presidente Federico Laredo Brú y otras personalidades, quienes iniciaron una campaña nacional de propaganda para la erección de un monumento grandioso.
El proyecto incluyó un monumento tipo memorial con terrazas, escalinatas y jardines que quedaría en el centro de grandes edificios públicos como la Biblioteca Nacional también llamada José Martí, diversos ministerios, museos y el Teatro Nacional de Cuba. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Aquiles Maza y del escultor Juan José Sicre e incluyó una torre de 109 metros en forma de estrella de cinco puntas forjada en mármol gris cubano de la Isla de la Juventud (con una plataforma de observación cerrada, en la planta superior, a la que se accede a través de un ascensor que ofrece una vista imponente sobre la ciudad en todas direcciones, desde el punto más alto de La Habana y en cuyo piso se pueden leer las distancias existentes desde ese sitio hacia diferentes ciudades del mundo); una estatua de Martí, rodeada por seis columnas (en representación de las seis antiguas provincias que existían en Cuba) y los jardines.
El Memorial cuenta con varias salas para conferencias, además de otras para exposiciones, dentro de las que se encuentra la muestra permanente de elementos de la vida de José Martí, así como una habitación que se utiliza para exposiciones de arte contemporáneo. En su interior las paredes se encuentran decoradas con frases clásicas del Apóstol que reafirman su pensamiento imperecedero. En el exterior, y frente a la plaza, se encuentra la monumental estatua de José Martí de 18 metros, tallada in situ en mármol de color blanco. La construcción de la torre comenzó en 1953 y el monumento fue terminado en 1958.
En una de las áreas más visitadas de la capital cubana un Martí majestuoso con túnica de Apóstol, en posición sedente, vela por el destino de la Patria.
El Martí del Pico Turquino
A 1974 metros sobre el nivel del mar, en el punto más alto de la geografía cubana y donde quiso la naturaleza su suerte echar, entre cumbres y fascinantes atractivos naturales, se encuentra un particular busto de José Martí. La iniciativa de este homenaje al Apóstol cubano fue propuesta por la maestra pinareña Emérita Segredo Carreño y bien acogida por la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, con sede en la Fragua Martiana y por el Instituto Cubano de Arqueología, representado por el Doctor Manuel Sánchez Silveira y su hija Celia Sánchez.
La escultura, un busto fundido en bronce de ciento sesenta y tres libras de peso, fue realizada por la escultora cubana Jilma Madera nacida en la ciudad de La Habana en 1915 pero pinareña de formación. Jilma, quien también había sido la artífice del busto de Martí en la Fragua y, posteriormente del imponente Cristo de La Habana, fue la ganadora del concurso para seleccionar la expresión martiana que se pondría en la tarja del pedestal, extraída de la carta de Martí a su amigo dominicano Federico Henríquez y Carvajal: “Escasos, como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos y sienten con entraña de nación, o de humanidad”.
Finalmente, el busto fue inaugurado el 21 de mayo de 1953, en homenaje al centenario del natalicio del hombre que consagró su vida a luchar por la libertad de la Isla. Las vivencias de ese glorioso suceso fueron recogidas por Carlos Manuel Marchante Castellanos en su libro De cara al sol y en lo alto del Turquino. En una de sus páginas decía: “Si no hubiera estado el busto de Martí allá en el Pico, seguiría siendo la montaña más alta de Cuba, pero no se hubiera convertido en un símbolo de la nación”.
El Parque Martí en Pinar del Río
La estatua de nuestro Héroe Nacional ubicada en el Parque Martí de Pinar del Río está considerada como una de las mejores existentes en todo el país. Fue construida de legítimo mármol de Carrara, en Génova, por el escultor italiano Héctor Salvatori.
La fecha de develación de la estatua fue señalada para el 24 de febrero de 1928, pero no pudo llevarse a efecto hasta 1929 debido a la demora en la llegada de algunos bloques de mármol para su terminación y la preparación del Paseo Don Tomás Estrada Palma, donde fue ubicada inicialmente. Allí se colocó el 28 de enero de 1929, pero como se encontraba enclavada en un parque que no llevaba su nombre se pensó trasladar a otro lugar más apropiado. Es así que, el 23 de febrero de 1931, en los terrenos donde en 1688 se levantó la primera ermita en Vueltabajo, y ubicado a la entrada de la Carretera Central en la ciudad, quedó inaugurado el Parque Martí. La estatua nos muestra un Martí que invita a caminar, juntos, como sentenciando que la Patria es ara y no pedestal.
En la base aparece, grabado en bronce, el escudo de la ciudad, aludiendo que este espacio debe ser reconocido como cuna y matriz fundacional de Pinar del Río. Además de tres pensamientos martianos que dicen: “Venturosa es la tierra en que cada cubano posea y cultive un pedazo de terreno”, “De la independencia de los individuos depende la grandeza de los pueblos” y una tercera que, a pesar de ser de Martí, los cubanos todos le invocamos a nuestro nombre: “Cuando se muere en brazos de la Patria agradecida la muerte acaba, la prisión se rompe. Empieza al fin, con el morir, la vida”.1
Martí está en todas partes como dijo en sus versos; ratifica cada día, a quienes con ansias de libertad estudian su vida y obra, que es un hijo preclaro de nuestra América y nos conduce, con el concurso de su acertada visión de la realidad, que transgrede los límites del tiempo, por el afanado camino de salvar la Patria.
1 Con información tomada del libro “Apuntes para una Historia de Pinar del Río” de Wilfredo Denie Valdés, publicado por Ediciones Convivencia, en noviembre de 2012).
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Yoandy Izquierdo Toledo. (Pinar del Río, 1987).
Licenciado en Microbiología.
Colabora como editor en Ediciones Convivencia.
Reside y trabaja en La Habana.
 

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