Luneando
Este invierno tiene un lápiz en la mano
tan roído como el vientre de la guerra,
no se cubre los anhelos para estornudar
las palabras que maldicen a la gente.
Una esquirla en la retina no le deja ver la aurora,
su fe tiene problemas con los nervios.
La noche en su bohemia tiene claro que es mejor,
cien murciélagos volando
que una paloma enjaulada.
~0~
Los espejos negros
Cuentan que en el mar de las estrellas
la serpiente que una vez juró volver,
pregonaba entre las olas un enigma
que convierte a los dioses en humanos.
La leyenda de un pueblo fue escrita en los muros
con el semen de la naturaleza.
Cada tarde eran más las antorchas jugando al silencio,
y en las puertas del cielo el amor
renacía por todos los héroes.
Sueños en el fondo de la tierra
abrieron un camino a la verdad,
por el ojo de una aguja transpiraban
los pájaros guerreros de la noche.
Tantas calaveras rojas,
tu maíz y el quetzal del milagro;
todas las flores ausentes volaron al sur,
a la selva donde cazan los jaguares
y la muerte tiene cita con el alba.
~0~
Epitafio
La vida es como nada,
de qué sirve compararla.
De mi bronca con el sol y otras estupideces
aprendí a quedarme sólo con la noche,
con esos dedos largos de rasgar nuestra guitarra,
algunas fotos viejas, y teléfonos de nadie.
~0~
Aluneciendo
Estoy de vuelta del amor,
no sé si he vuelto con vida; pero existo.
Si hay otros que volvieron de la muerte
¿por qué no ha de volverse del amor?
~0~
Debajo de la luna está el noSer
En un abrir y cerrar de mundo,
la vida cambia su máscara.
La noche se quita el vestido,
los años te dejan encuero en frente de todos.
Lo que escribes, no te absuelve;
lo que matas nunca llega al funeral,
con el alma vacía.
~0~
Las 1000 y una lunas
a Luis Hugo Valín
Dicen que antes de morir
los gobiernos en coma recuperan la conciencia para despedirse,
solos ante la partida rugen su nostalgia.
Sólo que hay adioses largos como el eco de un circo interminable,
donde leones y malabaristas intercambian sus efluvios,
lemas y arquetipos;
noche y las trompetas de aquel último banquete fusilando en lo corpóreo.
Comisión de los intelectúpidos,
intento por clonar al trapesófilo con su comparsa de leguminosaurios.
Dicen muchas cosas cuando un rey se muere:
“podrán callar el árbol, pero no podrán jamás con el sermón del monte.”
Profetas,
los magos,
bufones; espías, rameras y benditas.
Se birlan la suerte con su máquina imperfecta de fingir,
y descubren con letal fornicación de zapadores,
diarios,
conjuros;
un cuento que hacerle a la vida. Bajo el campo minado de ayer.
Todo es imperio,
menos amar.
Nada es de nadie, excepto,
la muerte.