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La Iglesia católica y la prensa oficial han anunciado que Su Santidad el Papa Benedicto XVI “está estudiando una visita a México y a Cuba en la primavera del año 2012”. Al mismo tiempo, el vocero de la Santa Sede ha declarado que la Secretaría de Estado del Soberano Pontífice ha indicado a los Nuncios Apostólicos en cada uno de estos países que informen a las respectivas autoridades eclesiásticas y civiles sobre esa visita. (Confirmada el 12 de diciembre en Roma.)
Esta noticia, publicada a principios de noviembre, ha suscitado numerosas expectativas y posibilidades. La visita del Supremo Pastor de la Iglesia católica, que tiene a más de la mitad de sus mil millones de miembros viviendo en América Latina, es siempre un acontecimiento trascendental y no deja indiferentes, ni a la Iglesia visitada, ni a las autoridades civiles, ni a gran parte del pueblo que se declara creyente de matriz cristiana.
Se trata al mismo tiempo, e inseparablemente mezcladas en una misma persona, de la visita del pastor de una Iglesia y el Jefe de un pequeño Estado que simboliza la soberanía de esa confesión religiosa para poder ejercer, sin intromisiones ni manipulaciones, su misión evangelizadora. Es por ello que, se quiera o no, toda visita de un Papa tiene una dimensión religiosa, y otra política y social. Y por lo mismo crea expectativas espirituales y políticas en sentido amplio, aunque su visita sea esencialmente religiosa. |